Necesito tiempo,
necesito tiempo que me dé
permiso para poderme aburrir.
Eso, sin ti, tenue primavera,
no es posible,
preludio de un verano aletargado
de recuerdos de sonidos, calores,
voces e insomnios embriagado.
Vísteme, primavera, de luces de colores la esperanza,
la de un verano que ha de llegar.
Primavera, que en mis soledades te extraño,
también el rosal que habita en mi patio.
Rosa primera de la eterna primavera
que viste brillantes a corazones invernales.
No te escojo rosa de finales,
sino la primera de un sinfín de soles
estivales que quedan por venir.
Huyo del conflicto
y callo y callo,
y tan solo hablo con aquellos a quien quiero.
Quiero y entonces hablo y hablo lo que pienso
y casi nunca me libro del descontento.
Pienso lo que pienso
porque antes primero lo siento,
y siento y lo pienso,
porque pensar sin sentimiento,
eso es solo cuento.
Primero siento, luego pienso y luego creo.
Creo firmemente en lo que siento,
a veces, no tanto en lo que pienso.
Creo en tres máximas.
(1)"El amor enseña a enseñar", una.
(2)"Cuanto más es, menos parece:
un verdadero Maestro se hace invisible", la segunda.
Y la tercera, (3) "un Maestro lo que consigue
con dificultad lo da fácilmente."
Dos amores llenan mi vida:
el amor a los niños y a los animales.
Dos amores que son solo uno.
¡Y cuánta lágrima
cuando es el ego el que mueve al mundo!
¡Cuánto profesor que no quiere ser Maestro,
y que así va reduciendo su divino desempeño
a otras tareas ajenas,
impuestas por dicho puesto!
Me duele y me lamento cuando
el profesor que no quiere ser Maestro,
es desde su ego desde el que desempeña
su puesto, y pisa la dignidad, se aprovecha,
se lucra con su pupilo, que es persona,
a la que debiera profesar amor eterno.
Son niños, niños son,
infantes o adolescentes, deseosos de encontrar un modelo al que seguir el ejemplo.
Teatro, mucho Teatro
de puertas afuera,
poco amor y mucho ego
de puertas adentro.
*Ser y tener
(no todo es saber)
(1) Padre Grass, Fundador de las Hijas de Cristo Rey.
Océanos envolventes en cualquier lugar.
Y tú como náufrago te aferras a tu metro de tierra.
Un mundo infinito que muestra su grandeza,
y tú como niño indefenso agarrado a la mano de mamá.
Un puñado de sensaciones,
un puñado de emociones
que florecen, de pronto, en paz.
Músicas que, sin ellas saberlo,
te dicen quién eres y
te arrancan de un letargo aséptico.
Quiero reír y quiero llorar.
Vuelvo por un momento la mirada y
ahora sé quién soy,
mañana no lo sé.
Me enamora cada mañana la tierra,
me enamora mi casa, me sobrepasa en el pecho la devoción por mi hogar.